Israel Nash Gripka sabe la diferencia que hay entre disfrutar de una noche estrellada en mitad de la montaña y otra donde los altos edificios de hormigón y una incandescente luz artificial no dejan ver el cielo tal y como es. Lo sabe tras grabar su último y espléndido disco, Barn doors and concrete floors, en las montañas de Catskill. “El entorno de los bosques ha estado creciendo en muchos de nosotros como unos estudios alternativos. Hay algo especial en ello”, asegura el músico en una entrevista para La Ruta Norteamericana.
Si hay algo que brilla en Barn doors and concrete floors (Continental Song City / Karonte) es la pureza de un folk-rock emotivo, como salido del cancionero más febril de Neil Young pero con un aire menos rural. Nash Gripka se ha pasado cuatro años recorriendo garitos de Nueva York, buscando la musa, pero ahora su sueño pasa por vivir con la calma que da la vida en las montañas, donde cree que se aprecian más intensamente las sensaciones, aquellas que se transmiten en canciones tan evocadoras y bien tejidas, en ese sonido de raíces con envoltorio contemporáneo, como <<Goodbye Ghost>> o <<Fool’s Gold>>. “Creo que Nueva York me ha dado una madurez como compositor. Pero estoy preparado para otra cosa. Me gustaría comprarme una pequeña granja o algo de tierra”, afirma Nash Gripka.
Nash Gripka ya fue recomendado por La Ruta Norteamericana el pasado agosto, como uno de esos artistas de segunda fila que se presentan como imprescindibles para los amantes del sonido americana, donde se recogen ecos del folk-rock más grandioso. Música que despierta buenos propósitos, crea horizontes nuevos a cada escucha, gracias a una voz repleta de soul acompañada de arreglos maravillosos. Composiciones como <<Four Winds>> o <<Lousiana>> así lo confirman. “La mayoría de las canciones en el disco son historias sobre mí. Solo un par de ellas son simples historias que leí sobre ellas, de sucesos reales que me conmovieron. Todas, en definitiva, están pensadas para compartir una parte de mí dentro de un tejido completo de historias. La vida es una historia gigante y únicamente quiero hablar de ella todo lo que sea posible”, afirma el músico.
Nacido en Missouri, Nash Gripka es hijo de un pastor baptista que se vio influenciado por el góspel en su juventud. Y, a decir verdad, en todo el álbum, se siente ese latido tan sentimental, casi místico, que llena cada canción de emoción. “Crecí con rock’n’roll clásico. De los Rolling Stones, Fleetwood Mac, la Credence Clearwater Revival. Más recientemente, he explorado más el sonido rock de gente como Television, Sonic Youth y bandas del indie. Todo sirve y toda la música me sirve si consigue influenciarme”, cuenta.
Para Barn doors and concrete floors, se refugió en lo profundo de las montañas de Catskill, las mismas en las que se perdieron para componer antes The Band y Bob Dylan en los sesenta y The Felice Brothers, en los últimos años. Y Nash Gripka ha parecido captar ese aire mágico, como de recorrido por un paisaje nocturno y campestre, a la hora de componer sus canciones. “La principal razón de por qué la gente compone es simplemente porque sale, viene y va. No hay nada mejor que hacer en el país que tocar jodida música”, dice.
Ahora que se habla de nuevo de Ryan Adams con el interesante Ashes & Fire, el que fuera niño prodigio del folk-rock norteamericano, exmiembro de los fantásticos Whiskeytown, conviene detenerse en un tipo como Nash Gripka, que hoy empieza su primera gira por España después de que la agencia promotora, Noise On Tour, conociese a este músico a través de la recomendación de La Ruta Norteamericana. Es lo magnífico de compartir música: una cosa lleva a la otra. Para mí, es un placer que estas cosas sucedan, como lo es conocer tantas cosas a través de pequeños sellos, revistas, blogs o el glorioso boca a boca. Que nada se deje de compartir, que luego se pierde.
Compartir

No hay comentarios:
Publicar un comentario