5/12/11

...rockland...


1970. George Harrison está de máxima actualidad estos días con el documental de Scorcese “Living in the material world”, por lo visto, con bastante buenas críticas, así que es buen momento para recuperar su obra en solitario “All things must pass”, editada a los pocos meses de separarse The Beatles y con un resultado más que notable.
En efecto, el bueno de George, con este disco que ilustra este post, se nos presentó en el año 1970 con el primer álbum triple de la historia y una variedad de canciones que fue recopilando cuando estaba aún en The Beatles. Obviamente la pareja McCartney/Lennon supervisaban todo lo que acontecían en el seno de la banda y no dejaron mucho margen de libertad creativa a Harrison para incluir muchos de los temas aquí expuestos y que hicieran parte de la obra de la mítica banda de Liverpool. Menos mal que bajo esa férrea disciplina expuesta por el binomio, hubo excepciones con las tremendas “While my guitar gently weeps”, “Something” o “Here come the sun”, que no hacían más que demostrar que Harrison también era un sobrado y un compositor de primera línea dotado de un don para la sensibilidad que pocos le podían superar.Visto el panorama y con The Beatles fuera de combate, Harrison se encerró en los míticos Abbey Road Studio, en compañía de una serie de músicos de primerísima categoría, y parió esta maravilla que alcanza una duración de algo más de 100 minutos. Tres discos como tres soles que en ningún momento se te hacen largos. Es más, siempre que vuelvo a esta obra, se me pasan las canciones en un santiamén de lo fresco que sigue sonando cuatro décadas más tarde y me atrevo a decir que no sobra absolutamente nada y más para ser un triple disco. Ni siquiera la jam presente en el tercer vinilo desencaja del resto. Es todo tan jodidamente mágico que no me extraña que mucho sitúen este “All the things must pass” como la mejor obra editada por un Beatle en solitario.
Como dije más arriba, este disco es una virguería de cabo a rabo en el que se esconden una variedad de matices que uno va descubriendo según van pasando las escuchas. Da la impresión que Harrison se guardó en un cajón sus mejor composiciones para crear esta obra. Desde el inicio con “I’d have my time”, que co-escribió con Bob Dylan, un cosquilleo recorre todo tu cuerpo con esa notas que sólo él podía sacar de sus entrañas. La cara A del primer vinilo se completa con otras tres delicatesen como el single “My sweet Lord“, “Wah-Wah”, donde destaca la producción de Phil Spector, y la sensibilidad a flor de piel que emana de una gema llamada “Isn’t a pity”. Al darle la vuelta al plato, la cosa no decae, destacando para mi gusto la fuerza que desprende “Let it down”, el sabor country que te deja “Behind that locked door” o “Run of the mill”.El segundo vinilo sigue rayando a gran altura con argumentos tan sólidos como la desnuda “Beware of darkness”, “Ballad of Sir Frankie Crisp”, “All things must pass o mi favorita por encima del resto como es esa desgarradora y espiritual “Hear me lord”, una canción de una belleza extrema que no hubiera desentonado en los últimos discos de The Beatles. Ni siquiera la segunda versión de “Isn’t a pity”, me molesta o sobra ya que es tan perfecta que no me cuesta volver a escucharla con suma devoción.El tercer disco se completa con un jam de órdago entre todos los músicos que participan en este proyecto. Ginger Baker, Eric Clapton, Bobby Keys, Billy Preston y Dave Mason son algunos de los grandes fichajes de esta ceremonia. Lo que nos encontramos aquí es música en estado puro donde los músicos dan rienda suelta a su indudable talento creando un clímax total, destacando ese fabuloso “Out of the blue” de 13 minutos de puro éxtasis y ese final "Thanks for the Pepperoni", que parece un buen homenaje al maestro Chuck Berry.Talento, genio y maestría al servicio de esta obra de arte que no ha perdido ni una pizca de encanto con el paso del tiempo.Brutal.




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