...la ruta norteamericana VII...
Dentro del propósito de hablar de algunos de los buenos discos que dejó el 2011, ahora que todavía no parece tan lejano, hoy rescato de mi estantería uno de esos que pasan de puntillas pero ofrece la oportunidad de pasar un más que agradable rato gracias a sus buenas maneras con el country-rock. Se trata de un desconocido que responde al nombre deBrett Detar y cuyo trabajo, Bird in the Tangle, es un muestrario notable de tradición norteamericana con sabor contemporáneo. Bird in the Tangle está gestado en Los Ángeles cuando el músico se hallaba en un momento de pérdida de confianza consigo mismo y con su imposibilidad de dedicarse a la música como le gustaría. Pero, según he leído en una entrevista en la revista No Depression, encontró su musa cuando se paró a pensar, viviendo en una casa vacía, reflexionando sobre los pasos a tomar en busca de su sueño. Se encerró a escribir canciones y se dio cuenta de que sus composiciones eran lo más honesto que tenía, hablando de él a tumba abierta. Eran un ejercicio de pena y purificación.Esta sensación triste pero con un profundo sentimiento de redención se palpa en todo Bird in the Tangle, donde el oyente se remite, por intensidad y emotividad, a gente como Gram Parsons o Townes Van Zandt. Detar cogió lo poco (y mucho) que tenía y se fue a Nashville, donde grabó en menos de una semana todo el disco, rodeado de expertos músicos de sesión, haciendo que el pedal-steel planease con fuerza y agilidad.En su primer álbum, autoeditado por el propio Detar, el músico traduce sus inquietudes e incertidumbres en country de carretera y motel o honky tonk de madrugada. Se manifiesta como un tipo que busca salir de donde se encuentra y utiliza la música como motor vital para reconocerse e imaginar otra vida. Lo bueno de todo esto reside en que, finalmente, lo consigue. Brett Detar logra cumplir su sueño: grabar su disco, sacarlo y que tenga una cálida acogida por los amantes de los sonidos raíces.De entre todas las del disco, la siguiente canción me agarró con aplomo para luego deslizar mi mente hacia noches estrelladas y silencios de confesión. Porque, como dice la canción, es simplemente la noche, ese tiempo con poder extrasensorial, ese estado de ánimo que medra el espíritu.
Apodado el alumno aventajado del sonido americano, Detar rastrea a los clásicos del género vaquero y forajido para defenderse con tesón y calidad en un álbum de 11 canciones lleno de sentimiento. Con su voz vacilona y su mezcla eléctrica y acústica, este músico de Pennsylvania ha grabado su primer disco sentando unos comienzos prometedores.
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